EL CODIGO TEMPLARIO, ORIGEN DEL CODIGO DA VINCI

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“El Código da Vinci” ha popularizado unas  hipótesis que en realidad ya eran conocidas por muchos de los estudiosos de esos temas, incluso ya con anterioridad de habían publicado libros detallados sobre cada uno de ellos, quizá el mérito de Dan Brown haya sido el unirlos en una única trama y popularizarlos, aunque se dejó en el tintero otros que la complementarían.

Todo lo que se narra sobre la Capilla de Rosslyn, Rennes le Chateau y Leonardo da Vinci –cuyos códigos secretos dan título al libro-, junto con otros que ahora citaremos, en realidad bien podrían llamarse “El Código Templario”, ya que da Vinci era supuestamente un simple adepto o iniciado a esos conocimientos. Pero los templarios fueron en gran parte y a la vez, artífices, difusores y colaboradores en los mismos.

Son secretos anteriores a la Orden del Temple, pero su organización sirvió de base para su redescubrimiento, guiados por personas que conocían al menos en parte aquello que a su amparo se desarrolló totalmente. Unos conocimientos transmitidos MUY VAGAMENTE incluso, en los ritos masónicos o rosacruces, coexistiendo con ellos tanto durante su existencia como Orden oficial, como tras su disolución pública. La Orden del Temple, seguramente es el nombre mas contemporaneo de una sociedad secreta que viene desde los tiempos del antiguo egipto al menos.

Como el tema daría para varios libros y aquí solo tenemos el espacio de un artículo vamos a condensar cuales eran esas claves y qué secretos fundamentales desvelan. Los cuales conocieron –posiblemente guiados para hacerlo- en sus contactos en Oriente que trajeron a Europa y tras su desaparición oficial se difundieron a través de movimientos secretos, cataros primero y luego  Templarios y el Priorato de Sion, hasta nuestros días.

 Leonardo da Vinci

Una de las múltiples teorías, que sobre el verdadero contenido, del “secreto templario”, parece tener más verosimilitud es el enunciado por Lynn Picknett y Clive Prince en su libro: The Templar Revelation. En el mismo narran la investigación que realizaron y que parece un claro antecedente de las conclusiones en cuyos hechos basa su novela Dan Brown el cual posiblemente se inspirara en el citado libro de estos autores cuya conclusión final es que el verdadero fundador del cristianismo es Juan el Bautista y que ambos seguían una corriente herética judaica con base en la religión tradicional egipcia.

Isis con Horus niño en brazos. La semejanza es tan evidente que no precisa comentario sobre el origen de la iconografía cristiana sobre la virgen. Culto que “tapó” al de la diosa, en igualdad de paridad con cualquier dios masculino, transformándola en simple madre. Sin duda los templarios, como otros tantos iniciados, conocían la verdad.

Es decir, que Jesús no fue el fundador y que su doctrina era egipcia. Según eso los seguidores “auténticos” del cristianismo primitivo y que se desplazaron al sur de Francia en aquella época predicaban una doctrina muy diferente a la adoptada por San Pablo y que devino en el cristianismo oficial. De ahí surgió luego el catarismo, y más tarde el secreto fue descubierto por el famoso Berenguer Saunière, el cura de Rennes, aunque siempre hubo iniciados, (de los que los templarios formaron parte y contribuyeron a aumentar sus conocimientos) que sabian de este secreto y dejaron huellas de ello en forma de diversos códigos o señales.

Las numerosas vírgenes negras –y el propio culto de la virgen- no serían más que una transformación del culto a Isis.

La Magdalena sería una sacerdotisa de este culto primitivo y como seguidora de Juan el Bautista, estaría no solamente apartada del cristianismo luego oficial, sino más tarde del mismo Jesús. Por eso en su “última cena” Leonardo pinta a la Magdalena en un ángulo de inclinación opuesto a Jesús no por marcar la V que dice Dan Brown, sino para señalar dos cosas: Que la figura no era San Juan, sino Magdalena, una mujer, y que ésta se “apartaba” del Jesús que la iglesia catolica nos impuso, para ir al Jesus cristico universal, no como hijo de Dios, sino como un enviado de este. Sin embargo no deja de resaltar –y esto forma también parte del secreto y de ahí la veneración extrema de los templarios a la virgen- que tanto Juan como Jesús tuvieron compañera, y que el sentido de la divinidad queda incompleto sin la parte femenina. Maria Magdalena entonces encarnaría el verdadero mensaje de Jesus, un mensaje universal y Pedro encarnaría el Jesus del “hombre”, un Jesus icono y objeto político de un movimiento religioso que en su asociación y complicidad con la religión judía ortodoxa, encarnan un “Dios Católico Apostólico y Romano”, a imagen y semejanza del imperio, donde la iglesia en nombre de Jesus, monopoliza el perdón de los pecados y establece que todos los seres humanos somos sus “clientes” nacidos pecadores, que sin su intersección tenemos como destino el infierno eterno.

Tampoco todo esto es nada nuevo para muchos aficionados a la investigación esotérica, al respecto ya con anterioridad se publicaron otros libros como:

Faraón Moisés, Faraón Jesús, cuyo autor –José Antonio Solís- llega a la conclusión de que posíblemente la misma religión judaica proviene diréctamente de Egipto. Algo de lo que dejó constancia la historia en los llamados “sucesos de Tanis” y que los participantes en el éxodo bíblico no serían más que egipcios desterrados; por tanto Jesús sería un profeta que intentaba regresar a las fuentes originales de sus creencias. Cosa que los Templarios iniciados tenían muy claras, pues muchos de las enseñanzas de Jesus, tienen sus fuertes raíces en las creencias egipcia, algo que luego de los templarios, recogieron sin pudor los Jesuitas que sufrieron, no por casualidad, la misma persecución y traiciones perpetradas por Roma y sus fieles aliados, los dominicos, Orden de Malta o Hospitalarios de San Juan y el opus Dei.

Sea cual sea la conclusión el sentido es que los templarios, o al menos los que de entre ellos eran iniciados, conocían total o parcialmente los orígenes verdaderos del cristianismo. Ese era uno de sus grandes secretos, para la época, suficiente para ir a la hoguera y que  les llevó finalmente al final de su vida pública para transformarse en los siglos venideros en la sociedad secreta que es hoy, de quien el propio Leonardo da Vinci seria unos de sus m miembros entre otros genios de la historia.

Tras la desaparición oficial del Temple, la misma Orden se divide en varias ramas, unas simplemente se transformaron en otras órdenes como la de Cristo en Portugal –que tuvo una fundamental participación en los descubrimientos del siglo XV que abrieron Europa al mundo, como el viaje de Colón- y la más secreta de San Andrés y del Cardo, en Escocia, que derivó posiblemente al menos en parte, junto con el grupo que quedo bajo las sombras en Francia lo que es  hoy en dia, la verdaera Orden del Temple,  que siga viva, intacta, poderosa y secreta, en tierras de Escocia y Francia, hoy con fuertes lazos y miembros en las Américas.

 

Sobre artículo de Weyland Bayon y Cesar Imbellone

 

 

2 comentarios en “EL CODIGO TEMPLARIO, ORIGEN DEL CODIGO DA VINCI

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